Aguantar las ganas de orinar tiene sus consecuencias

Cuando comenzamos a tener ganas de ir al baño nos encontramos ante una necesita completamente natural que presenta nuestro organismo, y que en definitiva se constituye como una señal de que nuestro cuerpo necesita deshacerse de aquello que ya no necesita. En el caso de la orina, es debido a que nuestra vejiga (el órgano donde la orina es retenida hasta su eliminación) se encuentra llena y necesita vaciarse. De hecho, la vejiga es el órgano encargado de almacenar la orina procedente de los riñones para su posterior expulsión a través de la uretra.

 

¿Cuántas veces lo habremos hecho a lo largo de nuestra vida? Estás trabajando, estás muy ocupada y no te viene nada bien acudir al baño a pesar de que tu cuerpo lo necesita. A veces, podemos aguantar las ganas de orinar hasta tres y cuatro horas seguidas, las justas para llegar a casa e ir tranquilamente a nuestro baño.

 

Podemos hacer esto una o dos veces a la semana pero, ¿qué ocurre cuando el aguantar las ganas de orinar se convierte en un hábito? Hay muchas personas que solo se encuentran cómodas en su propio baño y evitan los servicios públicos o incluso los de sus espacios de trabajo.

Hemos de ir con mucho cuidado ante esta costumbre ya que, a largo plazo, puede traernos graves consecuencias que debes conocer. Te lo explicamos a continuación.

 

Tampoco podemos olvidar que, cada vez que vamos al baño, se produce una eliminación de todas las bacterias presentes en la uretra, evitando así que migren a otras zonas donde pueden causar las temidas infecciones. ¿Qué ocurre entonces cuando, por las razones que sean, no tenemos más remedio que aguantar las ganas de orinar?

 

Normalmente, la vejiga admite entre 150 y 220 ml de líquido (depende, claro está, de cada persona). Es en estas medidas cuando se activan unos receptores que avisan a nuestro cerebro de que ya es hora de acudir al baño. Entonces, el cerebro activa la sensación de dolor y molestia para que lo hagamos, para que vayamos de inmediato a vaciar la vejiga.

 

Aguantar las ganas de orinar no es cualquier cosa. Es algo serio que nunca debe convertirse en una costumbre. Si tu cuerpo te manda una señal para que vayas al baño, es mejor no demorarte más de 10 o 15 minutos. Al final, nuestro cerebro dejará de avisarnos y llegarán las consecuencias.

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